
(Reseña hecha para la asignatura de Lógica II: Metodología de la investigación en Filosofía.)
BARBERY, Muriel, La elegancia del erizo, Seix Barral, Barcelona, septiembre 2007, 367 páginas.
Muriel Barbery nació en Bayeux en 1969. Tras cursar la licenciatura en Filosofía en la École Normale Supérieure, desarrolló su labor docente en Francia. Su obra escrita es reducida, debido a su exclusiva dedicación a la enseñanza, como explica la propia Barbery; se reduce a algunas obras noveladas en las que trata de mostrar de un modo asequible las diferentes corrientes filosóficas, empleando para ello personajes que encarnan esas filosofías en sí mismos. Además de la reciente La elegancia del erizo, destaca otra obra, La golosina, con la que se dio a conocer en gran parte de Europa y en Norteamérica.
La elegancia del erizo es una obra ambientada en un elegante barrio del París de nuestros días. Toda la acción se desarrolla en el interior y los alrededores del lujoso edificio en el que viven las dos protagonistas: Renée y Paloma. El número 7 de la calle Grenelle es el escenario en el que se encuadran las vidas de ambas.
Renée Michel es la portera del inmueble. Desde la primera página deja ver al lector lo que constituye su máximo objetivo: quiere pasar desapercibida. Busca ocultar sus verdaderas aficiones e intereses bajo la apariencia de lo que ella considera que debe ser el prototipo de portera de una casa de ricos. Así, no deja que nadie sepa que le gusta el Arte o el cine de autor. No responde al paradigma de portera cincuentona y fracasada: es una experta en gramática, disfruta con la pintura holandesa del siglo XVII, las faltas de ortografía le hacen perder la paz, escucha a Eminem y a Mozart y lee a Tólstoi.
Paloma es una niña superdotada. A sus doce años, se ve rodeada por una familia en la que sólo importan la fama y la reputación. Su gran inteligencia le hace tener una sensibilidad especial para darse cuenta de lo que nadie más advierte. Ya al inicio del libro nos comunica su resolución: se suicidará antes de cumplir los trece, si no encuentra algo por lo que merezca la pena seguir viviendo. Por ello, comienza a escribir en un cuaderno sus “ideas profundas” y su “diario del movimiento de mundo”, desde los que transmite al lector todo lo que pasa por su privilegiada cabeza: sus pensamientos, sus reflexiones, sus observaciones…
Toda la obra está escrita en primera persona. Se alternan el diario de la portera y los escritos de la niña, de forma que todas las ideas que se comunican al lector parten de un sujeto conocido (aunque sea ficticio). Este hecho le da una fuerza especial al libro, y facilita que su lectura sea más personal, involucrando al lector desde la primera hasta la última página.
La autora abarca numerosos temas. Para tratar cada cuestión, emplea dos perspectivas que, aunque a primera vista puedan parecer muy diferentes, acaban por identificarse. Renée y Paloma son dos personas destinadas a otorgar una razón de ser la una a la otra.
Uno de los ámbitos en los que se centra es la muerte y el sentido de la vida. Realiza una crítica a la actitud estoicista de quienes creen que la vida no tiene nada especial. Pero esta crítica se realiza desde dentro, reflejándose en la evolución de personaje de Paloma: al inicio de la obra, su actitud muestra un cariz marcadamente crítico con todo lo que le rodea. Demuestra su desdén hacia todo aquello que no cuenta con su exigente aprobación, empezando por su propia familia: desprecia a su madre, una mujer de izquierdas que cree ciegamente en su psicoanalista y se esfuerza por mantener una postura correcta; desprecia a su padre, un político socialista preocupado por su posición social; desprecia profundamente a su hermana mayor, una estudiante de Filosofía a la que considera un ser orgulloso y vacío, llegando a afirmar que su hermana Colombe “no siente nada. Todos los sentimientos que demuestra son tan falsos, tan artificiales, que me pregunto si de verdad siente algo” (p. 91); desprecia a su maestra y a sus compañeros de clase; desprecia a sus vecinos… En definitiva: desprecia a la inmensa mayoría de las personas que forman parte de su vida. Pero en Renée y el misterioso japonés que aparece de repente encuentra a dos personas que le muestran que la vida cotidiana puede estar llena de cosas interesantes. La vida, por tanto, sí tiene un sentido: Paloma acabará diciéndole a Renée: “por usted, a partir de ahora, buscaré los siempres en los jamases. La belleza en este mundo” (p. 364). Así pues, es principalmente la belleza lo que da sentido a la vida.
Barbery realiza también una clara crítica a una sociedad burguesa plagada de tópicos y temas tabú que nadie se atreve a tocar. Para ello, se sirve del personaje de Renée: es ella misma quien parece no querer salirse de una serie de cánones impuestos por una sociedad con la que no se siente identificada. Se hará necesaria la llegada de un extranjero para que la portera se dé cuenta de que es posible destruir los estereotipos y cambiar toda una sociedad, aunque sea empezando por la comunidad de vecinos.
Otros temas abordados a lo largo del libro son la importancia de construir en lugar de destruir (pp. 121-126), el concepto de eternidad (pp. 275-280) o las diferentes definiciones del tiempo (pp. 304-307).
Hay algo más que llama poderosamente la atención fuera de lo que es el contenido del libro: su estructura. Frente a la organización general en capítulos o libros, Barbery nos sorprende con una disposición totalmente original, vertebrando los contenidos según la persona que los comunica, sin seguir un orden cronológico ni espacial. Destaca así que lo importante es lo que se dice y las palabras que se emplean, no la colocación de lo transmitido.
Por último, cabe destacar lo que considero que da más fuerza a la obra: su título. La elegancia del erizo no es una mera combinación de vocablos sonoros: la autora ha sabido representar en sólo cuatro palabras lo incluido en todo un libro. Es Renée quien da el título: en palabras de Paloma, “la señora Michel tiene la elegancia del erizo: por fuera está cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero intuyo que, por dentro, tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos” (p. 157). Con estas palabras se explica la idea de fondo de la obra: un reproche a los tópicos que impiden el avance de las culturas, incluso en los ámbitos más refinados.
1 comentario:
Tengo muchas ganas de leer este libro.
Cuando lo haya hecho, escribiré algo más.
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