sábado, 2 de mayo de 2009
Me despido...
Muchas gracias por todo!!!
martes, 3 de marzo de 2009
No he podido evitarlo...
De verdad que lo he intentado, he tratado de pasar por encima sin hacer nada al respecto, pero no lo he conseguido. Necesito decir algo de esta noticia, por eso dejo aquí dos “declaraciones” que salieron en el Diario de Navarra el miércoles 18 de febrero de 2008. Son noticia porque el Ayuntamiento de Pamplona convocó un concurso de frases de amor con motivo de la celebración de San Valentín. Son dos de las diez mejores (en total hubo 37 declaraciones escritas). Que el lector juzgue, yo sólo las transcribo (literalmente, no cambio nada). Mucho ánimo.
“Yo pasearía con las estrellas en la oscuridad. Siento mucho cariño y amor por ti. Si yo pudiera te llevaría conmigo de viaje de estudios en un autobús o en un avión, iríamos a la playa, tendríamos un niño o una niña. Yo te llevaría el desayuno a la cama con una rosa. Te tengo mucho cariño, tengo cosquillas en el estómago y me haces reír. Me da igual si tienes unos ojos rojos, verdes o azules. Quiero que siempre estemos juntos pues tu corazón es guau… Daríamos una vuelta en bici o lo que quieras. Adiós amor”. Ion Ortega.
“Hola cariño Bisbal. Me gusta mucho tu pelo rizo, tus piernas normales. Me gusta mucho cómo cantas y bailas, me gustaría mucho pasear por la playa contigo porque eres muy guapo. Tengo amor por ti. Me gustaría ir a comer contigo y yo pediría lentejas en un restaurante. Quiero que te llegue esta carta de amor. Adiós cariño”. Myriam García.
sábado, 14 de febrero de 2009
LA VERDAD ES POLIFÓNICA
Ya lo sé... llevo milenios sin añadir nada... ¡lo siento! Gran propósito: llevar el blog al día. Os dejo un texto de Romano Guardini, es un poco largo, pero merece la pena. La foto es de una campana de Notre Dame.
“No queremos acogernos expeditivamente a fórmulas hechas, fácilmente manejables, sino penetrar en el espíritu del misterio. Y esto se realiza a través de la verdad. Pero la verdad no es sencilla. Yerra quien dice que lo es. Es sencilla vista desde Dios, pero no desde nosotros. También para nosotros debe llegar a serlo; pero esto se da al final, un vez que el espíritu la ha asimil
ado con largo esfuerzo. La sencillez que se da al principio no es sencillez de la buena. De ordinario no responde sino a pereza, o a afán de simplificación arbitraria y violenta. Hablamos en nuestra experiencia cotidiana de fenómenos poderosos y fenómenos sencillos.
Así, por ejemplo, decimos que un sonido de campana es algo puro, sencillo y al mismo tiempo pleno, y en ello consiste su poder y su paz. Nada más cierto. Pero, ¿de veras es el sonido de la campana algo sencillo? Los que tienen buen oído nos dicen que las campanas más imponentes son precisamente aquellas cuyo sonido tiene más tonos complementarios. Tal sonido, por consiguiente, no es sencillo; en realidad, es más bien un acorde. Un sonido verdaderamente simple sonaría estridente y vacío. Esto remite a algo muy importante, a saber, que las cosas del mundo real son siempre –prosiguiendo el símil musical- polifónicas. Sólo las artificiales que el hombre produce (...) son “sencillas”. Las cosas vivientes surgen siempre por la colaboración de fuerzas diversas. Son polifónicas, complejas. Y por eso tienen poder y realidad. En ellas resuena de algún modo el todo.”
R. Guardini, Versuche über die Gestaltung der Heil. Messe, Hess, Basilea, p. 25.
viernes, 31 de octubre de 2008
GRACIAS
Por eso saldremos adelante, con más fuerza que antes.
Gracias a todos los que, con su esfuerzo, han conseguido que hoy vuelva a ser un día normal.
miércoles, 15 de octubre de 2008
PERSONAS
“Personas serenas, tranquilas, capaces de transmitir paz a todo su entorno con independencia de lo que esté sucediendo.
Personas que, por su actividad, traen de cabeza a todo el mundo, pero que son el motor de la vida diaria, la eficacia que se necesita, y que hasta tienen tiempo de competir en un equipo de fútbol.
Personas de gran sensibilidad, que quizás requieren más atención, pero que aportan la ternura y el cariño que todos demandamos en algún momento.Personas que suponen un descanso por su permanente buen humor, su facilidad de carácter y su buen conformar.
Personas que son el apoyo y la compañía en momentos buenos y malos, a veces con su capacidad de análisis sereno, a veces con su alegría desbordante y contagiosa.
Personas que aportan el componente de infancia que tanto enriquece.
Y todos aprendemos a no exigir que el otro se comporte como yo, igual que el otro no exige que me comporte como él.
Y todos notamos sus ausencias.”
(Tomado de R. González, De la resistencia a la rebeldía, 2008)
viernes, 10 de octubre de 2008
La de Letras... en el mundo al revés
La cruda realidad es
que esto de estudiar Filosofía no lleva en mi cabeza desde pequeña. Qué va. De hecho, con diez años quería tener una tienda de telas y de hilos; con doce, mi ilusión era ser astronauta; a los quince años, lo mío era estudiar Matemáticas; con la llegada del Bachillerato, la realidad se impuso y me metí por Letras para hacer la carrera de Traducción e Interpretación. Pero un señor llamado Epicuro apareció en mi libro de Filosofía. Empecé a discutir con él, y por eso estoy aquí hoy.Me picó el gusano de la Filosofía sin que yo me diese cuenta. Así que tiré todos los folletos informativos de carreras que tenía guardados en el cajón y me vine a estudiar con los grandes.
Puede parecer una decisión poco meditada, pero creo que en el fondo siempre me ha gustado eso. Tal vez, por eso, no dejaba que me engañasen con el socorrido argumento de “¡estamos en el mundo al revés!” tan repetido por los niños cuando algo no les gusta. Creo que es uno de los primeros razonamientos completos que le he hecho a mi hermana: si estamos en el mundo a revés, y tú dices que esto es el mundo al revés, entonces estamos otra vez en el mundo al derecho, así que no vale para nada que me digas que estamos en el mundo al revés. Su respuesta no es difícil de adivinar: “esta niña… cómo se nota que es de Letras…”.
jueves, 12 de junio de 2008
CRECER Y SER GRANDE

“No quiero hacerme grande y traicionar un sueño (…). Creceré, pero no me haré grande. Es lo que hay”.
Así dice una canción. Y así piensa mucha gente. O no lo piensa, pero vive de esa forma. Parece más fácil seguir siendo un niño, no enfrentarse con las responsabilidades propias del mundo de los adultos. Pero yo no lo veo de esa forma.
Ser un niño es muy complicado. No conozco a nadie que sea más coherente que los niños. Hoy en día, actuar de acuerdo con el propio pensamiento no es nada sencillo. Por todos lados le bombardean a uno con mensajes que no promuevan precisamente el sentido de la responsabilidad. Nos movemos en un ambiente en el que la rapidez y la comodidad son valores imperantes, y a veces llegamos a perder el norte en las cosas más básicas.
El niño, en cambio, sabe lo que quiere. Sobre todo, sabe lo que no quiere. Y cuando pronuncia el cacareado “¡no quiero!”, resulta francamente difícil hacerle cambiar de opinión (muchos recurren al soborno…). Enfocándolo en el ámbito de la coherencia, no dejan de ser un ejemplo a seguir.
El problema de hacernos mayores es que cada vez nos dejamos influenciar más por todo lo que nos rodea. Corremos el riesgo de acabar pensando como vivimos, en lugar de vivir como pensamos. No recuerdo dónde escuché esta frase por primera vez, pero lo cierto es que no importa de dónde provenga; lo principal es que está cargada de razón.
Crecer sin hacerse grande. ¿Cómo se consigue? No sé qué significado querrá darle el cantante, pero yo no termino de verlo claro. Creo que es imposible crecer sin hacerse grande. Invariablemente, cuando uno crece por dentro se nota por fuera: se nota en los ojos, porque uno aprende a ver más allá, y eso cambia la mirada; se nota en la forma de hablar; se nota en la expresión corporal… se nota, en definitiva, porque no crecer significaría disminuir, no hay término medio.
Yo sí quiero crecer, sí quiero llegar a ser grande, para ver las cosas desde más arriba y tener una perspectiva más amplia.
He intentado muchas veces entender a Peter Pan, pero he de confesar que no lo he conseguido. Peter quiere seguir siendo un niño para que nadie le exija responsabilidades, para poder seguir haciendo siempre lo que más le apetece sin que nadie se lo reproche, escondiéndose detrás de su abrigo de niño.
Congenio más con Wendy: con ella sí que me entiendo. Wendy sigue siendo una niña, pero no renuncia a hacerse mayor, y sabe sacarle el mejor partido a su edad. No se esconde, mantiene la espontaneidad de los niños y la conjuga con su papel de responsable en el extraño Nunca Jamás.
Pero yo no vivo en Nunca Jamás. Ni tampoco quiero hacerlo. Sí, reconozco que me da pena no poder volver a ser una niña, pero prefiero crecer y ver con nostalgia mi infancia antes que, por no tener la perspectiva de la edad y la madurez, no llegar a ser nunca consciente de que he sido pequeña.