Mi hermana dice que estoy como una cabra. Para ella soy “la de Letras” y, aunque intente llamarme así con un tonillo algo despectivo, no le sale. Posiblemente, hace un par de años habría entrado al trapo y le habría soltado una perorata en favor de las minorías que nos preocupamos por el futuro de las “ciencias humanísticas”, como hoy se oye decir. Pero ahora prefiero sonreír con aire condescendiente, de forma que ella interprete mi gesto como un comentario tipo “pobrecilla, no sabe lo que dice…”.
La cruda realidad es
que esto de estudiar Filosofía no lleva en mi cabeza desde pequeña. Qué va. De hecho, con diez años quería tener una tienda de telas y de hilos; con doce, mi ilusión era ser astronauta; a los quince años, lo mío era estudiar Matemáticas; con la llegada del Bachillerato, la realidad se impuso y me metí por Letras para hacer la carrera de Traducción e Interpretación. Pero un señor llamado Epicuro apareció en mi libro de Filosofía. Empecé a discutir con él, y por eso estoy aquí hoy.
Me picó el gusano de la Filosofía sin que yo me diese cuenta. Así que tiré todos los folletos informativos de carreras que tenía guardados en el cajón y me vine a estudiar con los grandes.
Puede parecer una decisión poco meditada, pero creo que en el fondo siempre me ha gustado eso. Tal vez, por eso, no dejaba que me engañasen con el socorrido argumento de “¡estamos en el mundo al revés!” tan repetido por los niños cuando algo no les gusta. Creo que es uno de los primeros razonamientos completos que le he hecho a mi hermana: si estamos en el mundo a revés, y tú dices que esto es el mundo al revés, entonces estamos otra vez en el mundo al derecho, así que no vale para nada que me digas que estamos en el mundo al revés. Su respuesta no es difícil de adivinar: “esta niña… cómo se nota que es de Letras…”.
La cruda realidad es
que esto de estudiar Filosofía no lleva en mi cabeza desde pequeña. Qué va. De hecho, con diez años quería tener una tienda de telas y de hilos; con doce, mi ilusión era ser astronauta; a los quince años, lo mío era estudiar Matemáticas; con la llegada del Bachillerato, la realidad se impuso y me metí por Letras para hacer la carrera de Traducción e Interpretación. Pero un señor llamado Epicuro apareció en mi libro de Filosofía. Empecé a discutir con él, y por eso estoy aquí hoy.Me picó el gusano de la Filosofía sin que yo me diese cuenta. Así que tiré todos los folletos informativos de carreras que tenía guardados en el cajón y me vine a estudiar con los grandes.
Puede parecer una decisión poco meditada, pero creo que en el fondo siempre me ha gustado eso. Tal vez, por eso, no dejaba que me engañasen con el socorrido argumento de “¡estamos en el mundo al revés!” tan repetido por los niños cuando algo no les gusta. Creo que es uno de los primeros razonamientos completos que le he hecho a mi hermana: si estamos en el mundo a revés, y tú dices que esto es el mundo al revés, entonces estamos otra vez en el mundo al derecho, así que no vale para nada que me digas que estamos en el mundo al revés. Su respuesta no es difícil de adivinar: “esta niña… cómo se nota que es de Letras…”.
2 comentarios:
¡Y viva las Letras! ¿no? Soy de las que piensa que los filósofos son los que se dan cuentan cuando estamos del revés y los que más se interesan por ponerlo derecho. ¡Espero que lo consigamos!
Pero si ahora estamos en el mundo al derecho... ¡quiere decir que es cierto que estamos en el mundo al revés! Pero entonces es falso y estamos en el dercho, luego estamos en el izquierdo, etc...
También fue de mis primeros razonamientos infantiles, y llevo tantos años dándole vueltas, que para lógica hice un trabajo sobre la paradoja... ¡y sigo sin hallar respuesta! Las cosas nunca son tan fáciles... por eso yo soy de letras y de ciencias.
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