
“No quiero hacerme grande y traicionar un sueño (…). Creceré, pero no me haré grande. Es lo que hay”.
Así dice una canción. Y así piensa mucha gente. O no lo piensa, pero vive de esa forma. Parece más fácil seguir siendo un niño, no enfrentarse con las responsabilidades propias del mundo de los adultos. Pero yo no lo veo de esa forma.
Ser un niño es muy complicado. No conozco a nadie que sea más coherente que los niños. Hoy en día, actuar de acuerdo con el propio pensamiento no es nada sencillo. Por todos lados le bombardean a uno con mensajes que no promuevan precisamente el sentido de la responsabilidad. Nos movemos en un ambiente en el que la rapidez y la comodidad son valores imperantes, y a veces llegamos a perder el norte en las cosas más básicas.
El niño, en cambio, sabe lo que quiere. Sobre todo, sabe lo que no quiere. Y cuando pronuncia el cacareado “¡no quiero!”, resulta francamente difícil hacerle cambiar de opinión (muchos recurren al soborno…). Enfocándolo en el ámbito de la coherencia, no dejan de ser un ejemplo a seguir.
El problema de hacernos mayores es que cada vez nos dejamos influenciar más por todo lo que nos rodea. Corremos el riesgo de acabar pensando como vivimos, en lugar de vivir como pensamos. No recuerdo dónde escuché esta frase por primera vez, pero lo cierto es que no importa de dónde provenga; lo principal es que está cargada de razón.
Crecer sin hacerse grande. ¿Cómo se consigue? No sé qué significado querrá darle el cantante, pero yo no termino de verlo claro. Creo que es imposible crecer sin hacerse grande. Invariablemente, cuando uno crece por dentro se nota por fuera: se nota en los ojos, porque uno aprende a ver más allá, y eso cambia la mirada; se nota en la forma de hablar; se nota en la expresión corporal… se nota, en definitiva, porque no crecer significaría disminuir, no hay término medio.
Yo sí quiero crecer, sí quiero llegar a ser grande, para ver las cosas desde más arriba y tener una perspectiva más amplia.
He intentado muchas veces entender a Peter Pan, pero he de confesar que no lo he conseguido. Peter quiere seguir siendo un niño para que nadie le exija responsabilidades, para poder seguir haciendo siempre lo que más le apetece sin que nadie se lo reproche, escondiéndose detrás de su abrigo de niño.
Congenio más con Wendy: con ella sí que me entiendo. Wendy sigue siendo una niña, pero no renuncia a hacerse mayor, y sabe sacarle el mejor partido a su edad. No se esconde, mantiene la espontaneidad de los niños y la conjuga con su papel de responsable en el extraño Nunca Jamás.
Pero yo no vivo en Nunca Jamás. Ni tampoco quiero hacerlo. Sí, reconozco que me da pena no poder volver a ser una niña, pero prefiero crecer y ver con nostalgia mi infancia antes que, por no tener la perspectiva de la edad y la madurez, no llegar a ser nunca consciente de que he sido pequeña.
4 comentarios:
Mi huella!!!
Haremos algo con este diseño, un poco in the limit
Bastante in the limit...
Gracias por tu huella!!!
Tienes razón en eso de la nostalgia de la infancia, morriña, podríamos decir. Pero más razón en eso de que sin crecer, nunca seríamos conscientes de haber sido niños, y eso sería más triste todavía.
Qué tal tu verano?
Publicar un comentario